Este escultura de bronce macizo se eleva como una rara presencia, una figura silenciosa que atraviesa el espacio con absoluta elegancia. Deliberadamente estirada, la silueta reduce el cuerpo a una línea esencial, casi inmaterial. Evoca a una mujer, pero también una idea: la de un ser erguido, una fuerza interior, una identidad contenida.
En este creación decididamente contemporánea, El lenguaje es de simplificación. Sin rostros, sin detalles descriptivos: la obra se sitúa en otro lugar, en el equilibrio, la tensión y la verticalidad. El enfoque minimalista moderno forma parte de una tradición de’arte figurativo estilizado, donde la forma se convierte en símbolo y la emoción nace de la sencillez.
Dos acabados ofrecen dos lecturas sensibles. La versión en bronce en bruto revela una luz cálida, casi solar. El material atrapa la mirada, resaltando las irregularidades, las marcas, la piel trabajada del bronce. La versión en bronce con pátina verdigris introduce una profundidad más mineral y atemporal, donde los tonos turquesa interactúan con destellos dorados, como un recuerdo del tiempo.
Cada superficie lleva la marca del gesto: una vibración, un soplo. Este escultura de una mujer esbelta afirma una presencia a la vez frágil y soberana. Se convierte en un punto de anclaje en un interior contemporáneo, una colección o un espacio arquitectónico.
Una pieza de escultura contemporánea semifigurativa que celebra la dignidad, la soledad y la belleza de lo esencial.




